La innovación…!Vaya Novedad!
“A río revuelto, ganancia de pescadores”, reza el refranero castellano. Muchos son los ríos de tinta que la situación de la economía mundial ha venido arrojando sobre todo en la prensa escrita, pero también en numerosos documentos de Think Tanks de pelaje y orientación variopintos.

Si leemos la prensa, un resumen de los últimos meses puede arrojar una recopilación más o menos del siguiente jaez:
- “Esto ya sabíamos que iba a ocurrir”, suele ser una de las afirmaciones de los “sabios” de turno. Incluso circulan leyendas urbanas en la red sobre profecías al más puro estilo de Nostradamus en las que con claridad meridiana un conocido escritor español adelantaba la crisis hace una década con pelos y señales…(no sé si este hecho será cierto).
- “La culpa es del Gobierno”, aserto que suele oírse en boca de militantes de la oposición.
- “La culpa es de los Bancos”, se defiende el Gobierno, porque han dado créditos cuando había dinero y ahora que hace falta no los dan.
- “La culpa es de la gente”, dirían los Bancos, por hacer lo que les han estado diciendo diez años que hagan: gasten, consuman, inviertan, y no se preocupen demasiado por un porvenir que en cualquier caso se presenta feliz y alegre…¡Hombre, ya sabíamos que al final la culpa iba a ser nuestra!
- “La culpa es de los elevados salarios y de la dificultad para acometer despidos”, afirman algunos –espero que pocos- patronos.
- “La culpa es del modelo capitalista, que necesita ser refundado”, suele ser el llamamiento de líderes iluminados, populistas, indigenistas, algún partido de izquierda que no gobierna y algún Sindicato especialmente clarividente.
- “La culpa es de algunos –pocos- sinvergüenzas que han aprovechado las grietas del sistema económico para medrar con artes mafiosas”, proclaman los defensores a ultranza del statu quo.
Si algo resulta concluyente de esta lista, es la atávica costumbre española de buscar culpables, antes incluso de haber definido el problema y, por supuesto, en vez de buscar soluciones.
¿Refundar el capitalismo?
Como filósofo de formación que uno es, me resulta difícil abstenerme de la tentación de quedarme con la necesidad de la refundación del capitalismo como elemento de trabajo, aún a riesgo de embarcarme en aventuras de incierto resultado.
Pero a pesar de resistirme, y releyendo algunos análisis publicados en alguna prensa (sobre todo económica) y por diversos Think Tanks, la propuesta no parece tan teórica como a simple vista resulta…Y a alguno le vendría bien: hoy mismo escuchaba a un miembro de algún partido político de línea marxista afirmar que eran necesarios Bancos Públicos que den dinero al –compañero- ciudadano.
Lo de dar dinero al ciudadano, sea o no compañero, me parece bien. Lo de Banco Público lo veo un contrasentido, y esto ya lo experimentamos en carne propia en los sesenta del siglo pasado ( al final, tendremos que cargar todos con el pago de la no competitividad de la empresa pública para mantener unos pocos cientos –miles, si lo prefieren, pero pocos- de empleos). Si Einstein tenía razón al afirmar que es de necios pensar que se obtendrán resultados distintos haciendo las cosas como siempre, está claro que medicinas viejas no sirven para esta gripe.
El modelo económico –capitalista, claro- que hemos estado manteniendo en España ha estado basado en procurar plusvalías gracias a mano de obra barata. Esto funcionó en los setenta y ochenta por los bajos salarios de los españoles, y desde finales de los noventa, buscamos quien quisiera hacer el trabajo que los españoles no querían, de nuevo por cuatro euros, dando origen a una nueva casta laboral, la del “mileurista de larga duración”.
Así se explican “éxitos” como los obtenidos en el sector de la construcción, o el “milagro” de algunas explotaciones agrícolas intensivas en algunas zonas españolas. Vamos, lo que siempre hemos llamado “destajo” como clave de un modelo económico, compitiendo con economías tan avanzadas como la marroquí, la china (de hace años, no la de ahora), la de India (también de hace años, claro), etc. De continuar así tendríamos que seguir desplazándonos por el continente africano para encontrar economías con las que competir por el bajo coste de la mano de obra, y buscando el favor de compañías multinacionales que quisieran desinvertir de otros países para invertir en nuestras solventes autonomías con todo tipo de parabienes, prebendas y canonjías.
Cuando se produce una crisis financiera internacional, se pincha la burbuja inmobiliaria, y la sociedad hace zafarrancho de limpieza, aparece lo que había debajo de las alfombras:
- Una de las cotas más bajas de productividad de Europa.
- Un mercado de trabajo caracterizado por una casi inexistente movilidad funcional y geográfica de trabajadores.
- Una desatención general a lo que desde hace décadas se ha considerado el salvavidas de algunas economías occidentales: la innovación.
- Resistencia a la internacionalización.

La innovación, ¡vaya novedad!
Que esto de la Innovación era importante, que en sociedades del conocimiento la gestión del talento era clave, y que el futuro de economías como la española vendría marcado por la innovación y el diseño, son frases que llevo más de 15 años escuchando. Es de ese tipo de asertos que en una conferencia provocan movimientos afirmativos en las cabezas de los asistentes. La pregunta es, entonces, ¿por qué no lo hemos hecho?
Sin duda hay causas de todo tipo, entre ellas las relacionadas con los incentivos –o más bien su ausencia- a la innovación por parte de los distintos Gobiernos. También están las relacionadas con modelo educativo español (universidades y centros de formación profesional), y su divorcio cada vez más evidente con el mundo de la Empresa.
Y sobre todo, que las empresas no han sabido prestar suficiente atención a la innovación, y desde luego han prestado poco apoyo a la gestión del conocimiento en la organización: baste como muestra la escasa inversión en formación de las empresas españolas en comparación con la realizada en países de la eurozona.
No todas las empresas son empresas del conocimiento. Pero parece que una de las vías de escape para la economía española es precisamente las empresas del conocimiento. Por ello hay también motivos para la esperanza, como el hecho de que España lidere el mercado mundial de empresas de energías alternativas.
Refundar la Gestión de Personas
Si este es el futuro, las repercusiones para nuestra profesión son evidentes. Las relaciones laborales, tal como han sido entendidas históricamente, han tenido mucho peso para contener salarios manteniendo la paz social, pero tienen poco futuro en el marco del postcapitalismo made in Spain, si es que en algún momento nos decidimos a cambiar.
Aprovechar las vacas gordas para establecer estrategias que permitan capear las flacas, parece un sistema de gestión bastante razonable. La pregunta que me surge es, por tanto, ¿qué hemos hecho los gestores de Recursos Humanos durante estos años de bonanza? La mejor de las respuestas a esta pregunta es, en mi opinión, que hemos hecho lo que nos han dejado: procurar gestionar las relaciones laborales en un marco razonable, intentar introducir nuevos modelos de liderazgo organizativo, procurar modernizar algunos sistemas de gestión introduciendo variables del mundo de las competencias, la gestión del desempeño o el desarrollo profesional. Y no es poco.
Pero creo que la situación actual nos presenta oportunidades históricas. Gestores de Recursos Humanos que tengan soluciones para mejorar la productividad, favorecer la movilidad de trabajadores, atraer e integrar el talento allí donde esté, y gestionar la innovación en entornos internacionales, son los que demandará el mercado, porque ese será el mercado que quede… De ahí la necesidad de reinventarnos. O eso, o perder la oportunidad de estar en los centros de decisión de las organizaciones aportando valor añadido.
Como en toda situación de cambio, herramientas del pasado podrán servirnos para el futuro. Pero la caja de herramientas está aún por completar para esta tarea. Con toda seguridad, por aquello de que la necesidad agudiza el ingenio, los próximos meses veremos eclosionar modelos de gestión de personas, metodologías e ideas para trabajar en la gestión de la innovación, el aumento de la productividad y la movilidad. Y esas ideas contendrían soluciones antiguas y otras nuevas.
Creo que no es ocasión para guardarlas en un cajón, mirar para otro lado o decir aquello de Innovación, ¡vaya novedad! Aprovechemos la oportunidad, porque es la hora del conocimiento. Como decía el viejo profesor, “¡Al loro y a ‘posicionarse’! ”
Autor: A. Peréz
















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